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26 mayo, 2020

Alemania empieza con buen pie la lucha contra el virus

BERLÍN (AP) — A finales del año pasado, mucho antes de que la mayoría de la gente oyera hablar del nuevo coronavirus que ahora se extiende por el mundo, científicos en Alemania se pusieron a trabajar para desarrollar una prueba para el virus que provocaba una inusual enfermedad respiratoria en China central.

Tenían una para mediados de enero, y los laboratorios de todo el país estaban preparados para empezar a utilizarla apenas unas semanas después, aproximadamente al mismo tiempo cuando el país más poblado de Europa identificó su primer caso.

“Estaba claro que si la epidemia se extendía desde allí en China, teníamos que empezar a hacer pruebas”, dijo Hendrik Borucki, portavoz de Bioscientia Healthcare, que opera 19 laboratorios en Alemania.

Ese trabajo rápido contrasta con las demoras y errores en otros países. Acompañado por el gran número de camas de cuidados intensivos en Alemania y sus medidas iniciales de distanciamiento social, podría resolver uno de los rompecabezas más interesantes de la pandemia de COVID-19: Por Alemania parece tener una tasa de mortalidad mucho menor por el virus que sus países vecinos.

Las cifras son llamativas: Cuando los casos confirmados en Alemania superaron los 71.000, la cifra de muertos era de 775, según un conteo de la Universidad Johns Hopkins. En cambio, Italia ha reportado casi 106.000 infectados y más de 12.400 muertes, mientras que España tiene más de 96.000 casos, con más de 8.400 muertos.

Francia tiene cuatro veces más muertos por el virus que Alemania, y Gran Bretaña el doble, a pesar de que ambos países tienen menos contagios identificados.

Podría haber muchos factores en juego, pero los expertos dijeron desde un principio que hacer muchas pruebas rápido había dado ventaja a Alemania.

“El motivo por el que nosotros en Alemania tenemos tan pocas muertas en este momento, en comparación con el número de infectados puede explicarse en gran parte por el hecho de que estamos haciendo un número extremadamente grande de diagnósticos en laboratorio”, indicó el virólogo Christian Drosten, cuyo equipo desarrolló el primer test para el nuevo virus en el hospital Charité de Berlín, fundado hace más de 300 años para atender a las víctimas de la peste.

Drosten estimó que Alemania puede hacer ahora hasta 500.000 pruebas por semana.

España, por su parte, hace entre 105.000 y 140.000 pruebas por semana. Italia hizo unos 200.000 tests la semana pasada, pero eso supone un aumento significativo respecto a semanas previas.

Aun así, es posible que Alemania no sea un caso tan anómalo. El hecho de que España e Italia, que sufren brotes mucho más intensos, hayan hecho menos pruebas indica que muchos casis leves o asintomáticos no se han identificado. Eso hace que la tasa de mortalidad parezca peor de lo que hay. Pero Alemania también tiene casos no identificados, y los expertos señalan que las cifras de todos los países están por debajo del alcance real de la pandemia.

La mayoría de los enfermos sufren síntomas leves o moderados como fiebre y tos, que suelen durar hasta dos o tres semanas. Pero el virus puede matar o causar complicaciones graves, especialmente a ancianos y personas con problemas médicos previos.

Asegurar que esos pacientes enfermos son atendidos de forma adecuada es clave para gestionar el brote e impedir las muertes.

Y ahí Alemania también tiene ventaja.

Italia tiene 8,6 camas de cuidados intensivos por cada 100.000 personas, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. En comparación, Alemania tiene 33,9 camas por 100.000 personas, hasta un total de 28.000, una cifra que el gobierno quiere multiplicar por dos.

Los hospitales en las zonas más afectadas de Italia están acusando el golpe de atender a tantos pacientes graves a la vez, lo que aumenta la tasa de mortalidad, la más alta del mundo.

En cambio, los hospitales alemanes están en la poco habitual situación de tener camas de sobra y han aceptado decenas de pacientes de Italia y Francia. Aunque eso permitirá al personal médico alemán aprender a tratar a los enfermos graves de COVID-19, también refleja una llamativa confianza en la capacidad del país para gestionar el brote mientras muchos otros países cierran sus fronteras.

El Instituto Robert Koch, el centro alemán de control de enfermedades, ha sugerido que las estrictas medidas impuestas hace casi tres semanas, como escuelas y restaurantes, y más tarde prohibir las reuniones de más de dos personas, parecen haber frenado la curva de contagios.

Los expertos han lamentado que muchos países tomaron medidas similares demasiado tarde.

Los científicos que asesoran al gobierno británico dicen que las medidas de distanciamiento social son necesarias antes de que haya 0,2 muertes por cada 100.000 personas. Según los datos disponibles, aunque imperfectos, Italia impuso la cuarentena cuatro días después de alcanzar ese punto, mientras que Alemania lo hizo una semana antes de llegar a esa cifra.

Las autoridades insisten en que Alemania sigue en la fase inicial de su brote. Pero el doctor Sebastian Johnston, profesor de medicina respiratoria en el Imperial College London, dijo que en teoría, los países que intervienen pronto con medidas agresivas pueden evitar la oleada de casos que se han visto en Italia y España.

“Tuvimos suerte de tener mucho tiempo para prepararnos”, dijo la doctora Susanne Herold, especialista de infecciones pulmonares en el hospital universitario de Giessen. Su personal lleva semanas instalando nuevas camas de OCI, formándose en el empleo de respiradores y preparándose para una situación de emergencia.

En medio del cauto optimismo, algunos advierten que no hay que confiarse.

La canciller de Alemania, Angela Merkel, que está en aislamiento después de que su médico diera positivo en el virus, se ha resistido a las peticiones que suavice la cuarentena. Un importante asesor médico del gobierno, Lothar Wieler, del Instituto Robert Koch, dijo que no descartaba que también el sistema de salud alemán se viera al límite.

“Esto es la calma antes de la tormenta”, dijo la semana pasada el ministro de Salud, Jens Spahn.

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Los periodistas de Associated Press Nicole Winfield en Roma y Maria Cheng en Londres contribuyeron a este despacho.

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